La creciente
La creciente recupera el movimiento del río, fragmentos de una superficie que desaparece al instante.
Resulta en una acumulación de materia, de gestos y a su vez de tiempo, un tiempo que arrasa con todo.
Abordé este trabajo a partir de observar detenidamente la superficie del agua en movimiento. Resulta en una forma extensa acumula de gestos, líneas, trazos, carbón y tiempo. Para construir el trabajo recolecté carbón, restos de árboles quemados de la zona, algunos eran muy duros y no me servían para dibujar, otros funcionaban mejor, mi papá me ayudaba a distinguirlos.
Pensar en la acumulación de material como acción y parte del proceso me permitió construir el trabajo desde su espacialidad, pero también desde su temporalidad. Me moví en un ida y vuelta entre el estar en el espacio real y el estar en el dibujo. Hacia diciembre del mismo año, el río se parecía a mi dibujo. Un río crecido con sus aguas negras por arrastrar las cenizas de los incendios.
Este trabajo me llevó a enfrentarme con la problemática del dibujo en vínculo con el espacio, a desprenderme del bastidor y trabajar sobre la tela y pensar en vincular la propuesta con las paredes o el espacio arquitectónico. Este primer acercamiento aún mantiene límites que lo separan del entorno que lo contiene.