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La construcción de la pintura instalativa implicó una marcha constante, lenta y repetitiva.

Caminé y recolecté yuyos de la zona de los cuales obtuve pigmentos que se convirtieron en el color de este proyecto, proceso que me involucró profundamente con el entorno y sus tiempos.

Luego, en el taller, me dispuse a insistir en el gesto que me presentaba el lugar.

Un accionar sobre numerosos papeles que ahora se extienden en la sala.